No importa lo que soñé, sino cómo lo soñé.
Era yo misma un pájaro. Y mi sueño, entonces, pasó volando.
Planeando, dibujaba en el cielo mi sueño... porque no importa qué, sino cómo; y así, planeando, era como soñar sin vértigo en la altura. Un sueño despejado y ancho. Azul. (Y soñar azul, es como sentir un profundo silencio, de esos que abren algo.)
Cuando se tiene la posibilidad de ser pájaro, aunque en sueño (¿por qué dije aunque?), una entiende más claramente lo que es tomar distancia de las cosas: es casi como un impulso, pero bien determinado.
Sueño de pájaro, como quien dice "libertad" y sonríe liviano, así soñé yo anoche mi sueño.
Volaba, y qué lindo ese fresquito rozando mis alas (sí, porque fui pájaro y tenía alas; alas bien abiertas y al sol)
Y para hablar, cantaba. Y mi canto de pájaro, como silbidito dulce, decía:
"Se el aire más preciso al viento que seré".
(y es que tampoco importa a quién yo cantaba, sino cómo lo decía...y para decir yo cantaba, como un silbidito dulce, cantaba...)
No esperaba algo tan lindo, de verdad.
Y, ¿cómo será soñar siendo árbol, cómo?
Canto de pájaro. Me encantó.
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