Regar antes de que llueva,
para poner una prueba al cielo;
como si ciertos actos pudieran anticiparse,
o participar -también nosotros- del acto creador.
Es una prueba del hombre para el hombre, del hombre para sí mismo:
pues
la tierra volverá a humedecerse, irremediablemente
y nosotros seremos moldeados una vez más por otra mano que no es la nuestra.
Una mano sin instrumento.
Podemos
crearlo todo
sólo
para eliminarlo todo;
ese algo insatisfecho que canta en el alma
algo que falta partir
(partir de romper / de irse.)
y así, esperar en lo abierto,
como la tierra que espera a la lluvia
aún cuando no espera mojarse.
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