Se necesitan nuevas piedras,
para tropezar distinto.
O -tal vez- nuevos pies,
que no soporten el mismo golpe de siempre.
Algo
que
-entre piedra y camino-
asombre nuestros pasos, nuevamente.
Y es que sin asombro, sin asombro... ¡Ay! ¿Cómo es posible vivir?
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